Antes de fabricar ninguna carilla diseñamos digitalmente el resultado y lo validamos con un Mock Up en boca.
El paciente ve y aprueba forma, tono y proporciones antes de que se toque ningún diente. La preparación es tan importante como el resultado.
Y cuando el laboratorio devuelve las carillas, la colocación sigue ese mismo diseño aprobado: prueba en seco pieza a pieza, cementado bajo aislamiento absoluto y ajuste final de la mordida.
Información completa
El trabajo empieza mucho antes de tocar un diente. Tomamos registros y fotografías, diseñamos digitalmente la sonrisa (DSD) y fabricamos un Mock Up: una prueba en resina que se coloca sobre los dientes, sin tallarlos, para que el paciente vea en su propia boca la forma y las proporciones que tendrá el resultado. Nada avanza hasta que ese diseño está aprobado.
Con el diseño validado se realiza el tallado, que en carillas de porcelana es mínimo: se rebajan décimas de milímetro, lo justo para alojar la lámina sin que el diente gane volumen. En las fotos de abajo puede compararse el antes y el después de esa preparación, que es mucho menos agresiva de lo que la gente imagina.
El laboratorio fabrica entonces las carillas una a una. Su grosor final ronda los 0,3 mm —se sostienen sobre la yema de un dedo— y ese es exactamente el margen con el que se trabaja. Mientras están en el laboratorio el paciente lleva unos provisionales que reproducen el diseño aprobado.
La colocación
Una vez el laboratorio devuelve las carillas llega la fase decisiva: la colocación. Se prueban primero en seco, una a una, para comprobar el ajuste sobre el diente, los puntos de contacto con las piezas vecinas y el color frente al resto de la sonrisa. Si algo no encaja se corrige antes de cementar, porque después ya no hay marcha atrás.
El cementado se realiza bajo aislamiento absoluto con dique de goma. La adhesión de la porcelana al esmalte es un proceso químico que exige un campo perfectamente seco: basta una contaminación con saliva para comprometer la unión. Se acondiciona el diente, se aplica el adhesivo y se asienta cada carilla en la posición que marcaba el diseño previo.
Terminado el cementado se retiran los excesos, se pulen los márgenes y se revisa la oclusión —cómo encajan los dientes al morder y al desplazar la mandíbula—. Ese ajuste final es el que evita sobrecargas y protege las carillas a largo plazo.
Casos realizados












